Enviado por Comunicación P… el Sáb, 27/07/2019 - 11:30

(Artículo extraído del PAÍS edición digital).

Imagen tomada con un microscopio del virus de la hepatitis C. BSIP GETTY IMAGES
Imagen tomada con un microscopio del virus de la hepatitis C. BSIP GETTY IMAGES

Un estudio proyecta que será el segundo país del mundo, tras Islandia, en erradicar la enfermedad. Se calcula que unas 60.000 personas ignoran que viven con el virus

España encabeza la lucha mundial para la eliminación de la hepatitis C, un virus asintomático que a largo plazo puede causar dos enfermedades letales: cirrosis y cáncer de hígado. En 2024, será el segundo país del mundo en eliminar la dolencia —por detrás de Islandia, que lo hará en 2023—, según un estudio de Estados Unidos y Alemania de varios centros de investigación sobre enfermedades, que analiza los planes de acción contra el virus de 45 países y hace una proyección matemática de futuro. Mientras, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha hecho el jueves un llamamiento a todos los países para que inviertan en tratamientos para eliminar la enfermedad en 2030. España va adelantada. 

“Si seguimos tratando y diagnosticando al mismo número de pacientes al año, es lógico que seamos los líderes, pocos países han hecho un esfuerzo similar al de España”, explica Javier García-Samaniego, jefe de sección de Hepatología del Hospital Universitario La Paz. Desde el lanzamiento del plan nacional contra la hepatitis C, en 2015, en el que se han invertido más de 2.500 millones de euros, 130.000 pacientes han recibido tratamiento y han conseguido eliminar el virus gracias a una pastilla, según datos del Ministerio de Sanidad. Un medicamento con un coste elevado que ha sido una de las grandes apuestas. “El Gobierno priorizó esa lucha y consiguió cerrar un acuerdo ventajoso con las farmacéuticas; logró un menor precio al comprar mayor cantidad de medicamentos”, señala García-Samaniego. Esa negociación le valió a España pasar de los 50.000 euros de tratamiento por paciente en 2015, a los 7.000 que paga hoy. En una primera fase, hasta 2017, se dio prioridad a los pacientes más graves, con mayor riesgo de fallecer. Después, se universalizó y se dio medicación a todos los afectados.

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